El café se ha consolidado como un elemento imprescindible en la rutina diaria de muchas personas que buscan el efecto estimulante de la cafeína antes o durante la jornada laboral. Sin embargo, la ciencia sugiere que el horario de ingesta es crucial para maximizar sus beneficios.
La razón principal para retrasar el consumo radica en los niveles de cortisol. Esta hormona, que mantiene el cuerpo despierto y en estado de alerta, alcanza su pico máximo aproximadamente media hora después de abrir los ojos. Aumentar esta cantidad con una dosis innecesaria de café puede prolongar los niveles altos de cortisol y, a largo plazo, perjudicar la salud.
Retrasar el consumo de café un par de horas, cuando los niveles de cortisol ya se han reducido, no solo resultará más útil y eficiente, sino que se convertirá en un hábito más saludable.
Este proceso se aplica también a las tazas posteriores. Después de la primera dosis, los niveles de cortisol vuelven a aumentar, requiriendo un margen de tiempo antes de volver a tomar cafeína para asegurar que el efecto vaya más allá de un simple placebo. Es importante recordar que la tolerancia a la cafeína varía completamente de una persona a otra.




