La aeronave, cuyo destino final era África, fue desviada por los controladores aéreos hacia el aeródromo de la Anoia a causa de las inclemencias meteorológicas. A pesar de la dificultad, los dos ocupantes lograron completar la maniobra de aterrizaje con éxito y resultaron ilesos.
La situación se volvió inusual cuando, una vez en tierra, los pilotos se encontraron con que las instalaciones del aeródromo de Igualada-Òdena estaban cerradas y sin personal de vigilancia, impidiéndoles salir de la zona de estacionamiento.
Ante la imposibilidad de abandonar la aeronave, los Bombers de la Generalitat (Bomberos) tuvieron que intervenir. Contactaron con el vigilante de las instalaciones para coordinar la apertura, pero finalmente, con la ayuda de los miembros de una dotación, los ocupantes tuvieron que superar una valla perimetral.
Una vez fuera del aeródromo, los dos viajeros fueron recogidos por un taxi que los trasladó a un hotel cercano, donde pasaron la noche después de su inesperada escala en la comarca de la Anoia.




