Con una inversión total de 412.369 euros, el Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local ha liderado unos trabajos críticos para la supervivencia del monumento. La estructura, declarada Bien Cultural de Interés Nacional, presentaba desprendimientos y una preocupante pérdida de cohesión en su mortero original.
La restauración ha incluido el uso de fibra de carbono y morteros de cal para estabilizar los volúmenes, además de la colocación de una lámina de cobre para proteger la piedra de la erosión hídrica. También se han recuperado losas de piedra de la época romana en el entorno inmediato del puente sobre el río Llobregat.
Construido a finales del siglo I aC, este vestigio de la antigua red viaria romana sigue siendo un icono de identidad local. Su ubicación estratégica, cerca de la confluencia con el río Anoia, lo sitúa como un testigo milenario rodeado hoy por la modernidad de las autopistas y el ferrocarril.




