El maestro, historiador y geógrafo Jaume Esquius, quien en ese momento daba clases en Castellbell i el Vilar, vivió en primera persona la dificultad de regresar a Manresa. Recuerda haber conducido un Seat 600 con cuatro personas a bordo, manteniendo la primera marcha desde Castellbell hasta su casa.
El trayecto fue especialmente complicado en la subida hacia la antigua C-1411 (actual C-55), donde tenía que esquivar constantemente coches que resbalaban. Una vez en la carretera principal, el panorama era desolador, con camiones en la cuneta y vehículos parados, lo que le obligó a circular lentamente hasta tomar la carretera de Can Poc Oli, la más llana para llegar a su destino.
“"No recuerdo problemas especiales. Como cada nevada grande, seguro que se nos quedaron autobuses parados en la carretera, pero lo asumíamos. ¿Nevaba? ¡Pues nevaba! ¿Llovía? ¡Pues llovía! Y sin móviles."
Otros vecinos también recuerdan los problemas de movilidad. Ramon Fontdevila, maestro y político jubilado, vio cómo se suspendían los exámenes de conducir de su esposa en Manresa. Por su parte, Ramon Costa, actual alcalde de Marganell y gerente de una empresa de autobuses en 1986, minimiza los problemas, recordando que la nieve era un hecho asumido.
Más allá del caos circulatorio, la nevada también tuvo una vertiente lúdica. Fina Farrés, miembro de Cáritas, recuerda que aprovechó el día para salir con los niños a jugar en la nieve en el parque de Sant Ignasi, un recuerdo que muchos ciudadanos de la zona comparten.




