Más allá de las causas habituales como la poca oferta, la alta demanda, la especulación o la falta de suelo, la crisis de la vivienda se explica también por fenómenos menos visibles. Los expertos se refieren a estos como “cambios en las formas de convivencia”, que hacen que una misma cantidad de población necesite un mayor número de viviendas.
“"Para la misma población necesitamos más viviendas y esto es un reto muy relevante."
Carles Donat, director del Observatorio Metropolitano de la Vivienda, enmarca esta situación en la llamada segunda transición demográfica. Este fenómeno se caracteriza por un descenso de la natalidad, un envejecimiento progresivo de la población, una mayor diversidad en los modelos familiares y un notable incremento de los hogares unipersonales, ya sea por rupturas matrimoniales o por la decisión personal de vivir solo. A estos factores se suman las llegadas de población de fuera del área metropolitana, especialmente por migraciones internacionales, que plantean el desafío de incrementar el parque de vivienda habitual.
Otro factor determinante es el agotamiento del stock de viviendas que dejó la crisis inmobiliaria anterior. Tras el estallido de la burbuja, muchos pisos quedaron vacíos, pero esta reserva se ha ido absorbiendo durante la última década, dejando el mercado sin este amortiguador. Esta situación genera un desequilibrio creciente entre un número de hogares en aumento y un parque de viviendas que no crece al mismo ritmo, impulsando, por ejemplo, el incremento de los hogares compartidos, que ya representan un 16% del total en el área metropolitana.




