Documentada desde el siglo XIV, se cree que su nombre deriva del árabe munna, que significa obsequio. La tradición dicta que el padrino debe regalar este dulce a su ahijado, incluyendo originalmente tantos huevos como años tuviera el niño, hasta alcanzar la edad de la Primera Comunión o los 12 años.
La receta ha evolucionado drásticamente. Lo que empezó como un bizcocho con huevos duros se transformó en Barcelona durante la década de 1930. Los pasteleros locales innovaron incorporando figuras de chocolate, convirtiendo la mona en una obra de arte creativa que marca el inicio de la primavera y la reunión de familias y amigos.



