La conspiración de Dosrius: el plan del Frente Nacional para eliminar al dictador

Una conferencia clandestina en Dosrius en 1946 ideó un atentado contra el dictador en Barcelona, revelando la resistencia catalana de posguerra.

Mapa antiguo de Barcelona con la Diagonal y Pedralbes marcados.
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Mapa antiguo de Barcelona con la Diagonal y Pedralbes marcados.

En 1946, en plena posguerra, un encuentro secreto en la masía de Can Batlle en Dosrius reunió a delegados del Front Nacional de Catalunya para planificar una operación para acabar con el dictador en Barcelona.

El 18 de abril de 1946, en un contexto de represión franquista, cerca de cuarenta representantes del independentismo catalán se congregaron clandestinamente en la masía de Can Batlle, en Dosrius (Maresme). Este encuentro, protegido por escuadrones armados, fue la primera Conferencia General del Front Nacional de Catalunya (FNC), donde se tomó la decisión de intentar la eliminación física del dictador en territorio catalán. La Fundació Reexida ha conmemorado esta efeméride con familiares de los participantes en un acto en la misma masía.
En aquella conferencia, los militantes del FNC, esperanzados por la reciente derrota del nazismo y el fascismo en Europa, aprobaron diversas estrategias. Entre ellas, se acordó una operación de falsificación de pesetas, con medios técnicos aportados por uno de los miembros, para financiar la organización. El punto más destacado fue la aprobación formal de un proyecto de atentado contra el dictador durante una de sus visitas a Barcelona. La Sección Militar del FNC había estudiado detalladamente las rutas que seguía el dictador.
Un portavoz de la fundación explica que, a pesar de no haber documentos directos en los archivos del Frente sobre estas intenciones, las memorias del jefe de la sección militar del FNC, tituladas Una vida per Catalunya y reeditadas recientemente, detallan todos los preparativos de la operación. Estas memorias revelan los detalles logísticos para acabar con el dictador durante sus estancias en el Palau de Pedralbes. La configuración urbanística de la época, con la avenida Diagonal como una calle sin salida que no conectaba directamente con la carretera de Esplugues, hacía que las rutas oficiales fueran muy previsibles.
El jefe militar del FNC utilizó sus conocimientos técnicos y cartográficos para diseñar la operación, detallando el material necesario para montar dos "trampas" con explosivos: mil metros de línea bifilar, baterías de pilas, cajas de hierro y tubos de acero de varios diámetros. El explosivo ya lo tenían, y el reto era transformar los fulminantes de mecha en eléctricos para asegurar la precisión de la detonación. El plan consistía en colocar cargas explosivas en puntos estratégicos, siendo el tramo entre Esplugues y Collblanc el lugar escogido para actuar, levantando adoquines para esconder el explosivo y activarlo a distancia al paso de la comitiva.
El año 1946 marcó un punto de inflexión en el activismo de la resistencia. Los militantes se formaban en el manejo de armamento y dinamita en el Baix Llobregat. El armamento, que incluía ametralladoras y munición, llegaba desde la resistencia francesa a través de los Pirineos. Paralelamente a la planificación del atentado, el FNC realizó acciones de propaganda y sabotaje, como la colocación de artefactos en el monumento a la Victoria, en el local del SEU de Barcelona y en la ventana del Gobierno Militar.
A pesar del impulso inicial, la actividad frenética de la Sección Militar del FNC llevó a su caída. Dos meses después de la conferencia, en junio de 1946, un plan para desplegar una senyera y una estelada en el Estadi de Montjuïc durante la final de la Copa del Generalísimo fue abortado por la detención de uno de los integrantes. Esta detención condujo a la caída de la mayor parte de la Sección Militar del Frente el 13 de junio, con catorce detenidos, incluido su líder. Los arrestados fueron torturados y condenados a largas penas de prisión, impidiendo así la ejecución del plan contra el dictador.
Un sastre de profesión, que se incorporó a la sección militar del FNC en 1943, fue el encargado de confeccionar las senyeras. Utilizaba su taller de confección en la calle Riera Alta de Barcelona como centro logístico clandestino, donde el ruido de las máquinas de coser camuflaba la imprenta de la revista Per Catalunya. Además, con su habilidad, confeccionaba banderas catalanas, entonces prohibidas, y las colgaba en lugares emblemáticos como el transbordador del Puerto de Barcelona (1944), la Sagrada Familia (1945) y la fachada de la Universidad de Barcelona (1946). Según un portavoz de la fundación, compraba banderas españolas para transformarlas en senyeras.
El hijo del sastre detalla que su padre era muy cauteloso en su actividad, hasta el punto de que algunos compañeros le pasaban la revista que él mismo imprimía para leerla. Recuerda cómo de pequeño acompañaba a su padre a casa de amigos, muchos de los cuales parecían implicados en la actividad clandestina. A pesar de no conocer el papel de su padre en la cumbre de Dosrius, el sastre fue detenido el 13 de junio, junto con su escuadrón, y condenado a 15 años de prisión. Evitó la pena de muerte gracias a la presión internacional. Incluso después de salir de la cárcel, la policía registró su casa en previsión de posibles atentados durante las visitas del dictador a Barcelona.
El anfitrión del encuentro en Dosrius fue un activista cultural y político, que puso su casa solariega a disposición del FNC. Esta casa, ahora en manos de propietarios extranjeros, se encuentra cerca de Barcelona pero alejada del pueblo, en un lugar discreto. Una familiar del anfitrión recuerda cómo su tío le explicó que allí hacía reuniones. Los participantes de la conferencia de 1946 llegaron con itinerarios fijados, simulando un encuentro social. La familiar subraya la figura "pacifista" de su tío, que colaboró con los servicios secretos aliados, proporcionando información y ayudando a casi 800 personas a huir al exilio a través de los Pirineos. A pesar del silencio sobre los encuentros, el anfitrión inculcaba los valores del catalanismo, insistiendo en que el castellano solo se debía hablar para ser entendido y para mostrar la identidad catalana.