Después de la derrota ante el Albacete, solo Álvaro Arbeloa habló para intentar levantar la moral de la plantilla, asumiendo la responsabilidad de la eliminación. Sin embargo, el silencio generalizado en el vestuario con caras largas esconde una profunda desconfianza.
Arbeloa está puesto por el club y es un hombre de Florentino. Ahora se buscan chivos expiatorios y quien se posicione puede ser señalado por el club, que quiere soltar lastre en el vestuario.
Esta desconfianza se basa en la rápida promoción de Arbeloa, quien hace ocho meses entrenaba al juvenil y ahora está en el primer equipo. Los jugadores han recibido la recomendación explícita de no hablar frente a él sobre Florentino Pérez, Xabi Alonso o cualquier opinión que pueda culpar a alguien de la situación actual.
El vestuario ya había sido un foco de problemas bajo Carlo Ancelotti, con luchas de egos desatadas por la llegada de Mbappé y las disputas salariales con Vinícius y Bellingham. Estos conflictos también afectaron la relación con el anterior técnico, Xabi Alonso, quien fue desafiado por Vinícius.




