Las cabañas y muros que definen el paisaje de la Segarra no son solo construcciones antiguas, sino un legado vivo reconocido por la UNESCO. Sin embargo, la proliferación de grafitis en zonas rurales sin vigilancia está poniendo en riesgo su conservación a largo plazo.
“"Malmeter este patrimonio es perder una parte de nuestra historia; protegerlo es garantizar que las generaciones futuras puedan reconocerse en el territorio."
Desde la institución se insiste en que estas acciones no deben considerarse anécdotas o arte, sino agresiones directas a la identidad local. Se ha solicitado un refuerzo en la sensibilización y la vigilancia para frenar esta degradación del paisaje agrario.




