El pasado domingo fue una jornada agridulce para el deporte leridano. Por un lado, el Pons Lleida Llista logró un hito histórico al sumar su cuarta Europe Cup, consolidando un palmarés excelente para un club con décadas de trayectoria. Paralelamente, el Hiopos Lleida venció al Barça en el Barris Nord, dejándolo a un paso de la permanencia matemática en la liga ACB, con una afición totalmente entregada.
Sin embargo, esta alegría se vio eclipsada por la preocupante situación del fútbol en la ciudad. El Lleida CF, que ya perdió la categoría el año anterior debido a deudas, se encuentra ahora al borde de un nuevo descenso que podría abocarlo a la desaparición por inviabilidad económica, a pesar del apoyo de unos 2.000 aficionados fieles.
Por su parte, el Atlètic Lleida, que agrupó al empresariado local pero no logró generar un vínculo social fuerte, perdió una categoría que había obtenido en los despachos el verano pasado, al adquirir la plaza del Lleida CF. Esta situación se suma al declive y la posterior desaparición de la histórica UE Lleida, dibujando un panorama desolador para el fútbol en la capital del Segrià.
“"Lleida es una ciudad de fútbol."
La gestión económica y deportiva de los últimos años ha generado un debate sobre si Lleida es realmente una ciudad con una fuerte cultura futbolística. La falta de fútbol de élite se percibe como un factor que afecta la autoestima de la ciudad, y se cuestiona la responsabilidad de las diferentes partes implicadas, incluyendo la política, en esta situación.




