El nuevo foco se localizó a solo tres kilómetros del caso inicial detectado a finales de diciembre y fue identificado rápidamente gracias a las pruebas analíticas preventivas realizadas dentro del perímetro de vigilancia establecido a raíz del primer brote.
El consumo de carne de ave y de huevos no supone ningún riesgo para la salud, según insiste el gobierno catalán.
A raíz de esta detección, se ha activado la normativa que exige el sacrificio inmediato de los 9.000 animales de la explotación afectada. Además, el radio de vigilancia se ha ampliado a diez kilómetros, incorporando cuatro municipios adicionales: la Fuliola (Urgell), Bellvís (Pla d'Urgell), Linyola y el Poal.
Las medidas de bioseguridad se han reforzado, incluyendo tareas de limpieza y desinfección exhaustivas e inspecciones sanitarias en las nuevas explotaciones incluidas en el radio de control. También se ha activado la coordinación con el Hospital Universitari Arnau de Vilanova para el seguimiento preventivo de los trabajadores de las granjas.




