La Seu d'Urgell pierde el matadero y obliga a ganaderos a viajar más de 100 km
El cierre de las instalaciones del Alt Urgell, que operaban desde hace 65 años, se debe a la jubilación del gerente y la falta de relevo.
Por Ramon Costa Giralt
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Imatge genèrica d'una instal·lació industrial tancada o una silueta d'un ramader mirant una porta tancada.
El matadero de La Seu d'Urgell cerró el pasado diciembre debido a la jubilación de sus gestores, forzando a los ganaderos del Alt Urgell y comarcas vecinas a recorrer más de 100 kilómetros para sacrificar su ganado.
El hasta ahora gerente del matadero, Domènec Estany, estuvo buscando un relevo durante unos diez años para poder mantener la actividad y seguir aprovechando las instalaciones, que comenzaron a funcionar hace más de 65 años. A pesar de que había personas interesadas, las negociaciones no fructificaron, lo que llevó a su jubilación y al cierre definitivo del equipamiento.
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"Para las empresas de fuera somos exageradamente pequeños y no cubrimos sus expectativas, y para la gente de la zona somos demasiado grandes. Encontrar el encaje idóneo se hace complicado."
Las dependencias de La Seu d'Urgell están preparadas para recibir entre 300 y 400 animales a la semana, y no solo gestionaban el sacrificio, sino también la elaboración de productos cárnicos, con cámaras de maduración y salas especializadas. Antes del cierre, las instalaciones acogían la producción de unas 130 familias del Pirineo vinculadas a la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Ternera de los Pirineos Catalanes.
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"El cierre del matadero de La Seu d’Urgell supone una gran pérdida para el sector y resta competitividad a los pequeños productores de carne."
Joan Guitart, coordinador de las comarcas de montaña del sindicato Unió de Pagesos, lamenta que los ganaderos tengan que desplazarse hasta Balaguer o al matadero transfronterizo de la Alta Cerdaña, donde los precios son más elevados. Añade que el transporte genera “estrés” a los animales y pide la implicación de las administraciones para reactivar el equipamiento, sugiriendo un modelo de gestión cooperativo donde los ganaderos sean los principales accionistas.