El siniestro ocurrido el pasado 19 de enero de 2026 en Adamuz se añade a la lista de tragedias que han marcado la seguridad ferroviaria. El precedente más grave sigue siendo el descarrilamiento del 24 de julio de 2013 en A Grandeira, cerca de Santiago de Compostela, donde 79 personas perdieron la vida y 143 resultaron heridas debido al exceso de velocidad en una curva.
En los Países Catalanes, uno de los accidentes más recientes fue la colisión frontal entre un tren de Rodalies y uno regional en Castellgalí (Bages) el 8 de febrero de 2019. Este suceso causó la muerte de la maquinista y dejó un centenar de pasajeros heridos, tres de ellos de gravedad.
Otro evento trágico fue el de la estación de Castelldefels (Barcelona) el 24 de junio de 2010, cuando doce personas murieron arrolladas por un tren mientras cruzaban las vías para ir a la playa durante la verbena de San Juan. Además, el 14 de diciembre de 2017, seis adolescentes fallecieron en Millars (Francia) al chocar un tren TER con un autobús escolar en un paso a nivel.
A nivel estatal, destacan otros siniestros graves como la colisión frontal entre un Talgo y un tren de mercancías en Chinchilla (Albacete) el 3 de junio de 2003, que resultó en diecinueve fallecidos. También es relevante el descarrilamiento de un tren Intercity en Villada (Palencia) el 21 de agosto de 2006, con un balance de siete muertos y treinta y seis heridos.




