El crítico destaca el coraje de R. Linklater para abordar temas diversos con una pasión creíble, tratando la nostalgia con profundidad. Más allá de su conocida trilogía Antes de... y la monumental Boyhood, es necesario reivindicar obras como Bernie, Todos queremos algo o Apolo 10½: una infancia espacial.
En Nouvelle Vague, el director se arriesga a narrar el rodaje en solo veinte días de la ópera prima de Jean-Luc Godard de 1959, logrando un retrato juguetón y generoso de una época desbordante de creación e innovación cinematográfica.
La habilidad del director para contagiarnos ese entusiasmo desbocado del momento se hace patente con un producto de una intensa jovialidad en medio de un fabuloso viaje a través del tiempo.
La película utiliza un blanco y negro propio de la época, lleno de ironía y respeto, con múltiples referencias visuales a modo de homenaje. Este frenesí de realización fue posible gracias a que las 'nuevas formas' permitían un rodaje mucho más económico, lo que propició el estreno de más de 160 películas de realizadores franceses noveles solo en 1959.




