La fiebre por la proteína ha transformado los pasillos de los supermercados, ofreciendo desde yogures enriquecidos y pan hasta batidos. Esta tendencia, impulsada por la industria alimentaria y las redes sociales, promueve la idea de que “cuanta más proteína, mejor”. Sin embargo, los expertos insisten en que la ingesta debe ser personalizada y que no debe incrementarse en detrimento de otros nutrientes vitales para una dieta equilibrada.
“"La tendencia es clara desde hace años: se está consumiendo más proteína de la recomendada."
Mientras que las guías alimentarias tradicionales recomiendan 0,8 gramos de proteína por kilo de peso corporal para un adulto sano, estudios más recientes sitúan la ingesta entre 1,1 y 1,2 gramos por kilo. Aina Merino, nutricionista del Hospital del Mar, señala que determinados grupos poblacionales, como las personas mayores o las embarazadas, sí requieren un mayor consumo.
Las profesionales alertan sobre los riesgos de una ingesta excesiva y sostenida, que puede impactar la salud ósea y cardiovascular, especialmente si la proteína proviene mayoritariamente de alimentos de origen animal ricos en grasas saturadas. También advierten que la fijación por la alimentación puede derivar en trastornos de conducta alimentaria, como la ortorexia.
“"El interés es positivo siempre que se tengan en cuenta los riesgos."
Para evitar desequilibrios, las expertas insisten en potenciar la proteína vegetal, como las legumbres y los frutos secos, o bien fuentes animales magras como el pescado blanco. El principal riesgo de las dietas hiperproteicas es que se desplacen otros alimentos esenciales como verduras, fibra y carbohidratos, alejando a la población de la dieta mediterránea.




