El Convento de las Capuchinas, situado en el corazón del Barri Vell de Girona, permanece cerrado y sin uso desde hace casi ocho años. La comunidad de clarisas capuchinas abandonó el edificio en 2017 debido a la falta de vocaciones y la edad avanzada de las últimas religiosas, poniendo fin a más de cuatro siglos de presencia en la ciudad.
Esta situación contrasta con la creciente falta de plazas residenciales para personas mayores con pocos recursos que sufre la ciudad. La ubicación céntrica y las dimensiones del convento lo hacen idóneo para acoger una residencia geriátrica social, considerada una necesidad social urgente y no un proyecto accesorio.
El Ayuntamiento de Girona ha manifestado en diversas ocasiones su interés en comprar el convento para destinarlo a uso social, pero hasta la fecha no se ha cerrado ninguna operación ni se ha llegado a un acuerdo. Esta inacción institucional es criticada, ya que se considera que beneficia la espera de una posible rebaja o una oportunidad que favorezca intereses privados.
La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que el destino universal de los bienes debe prevalecer sobre el interés particular.
El caso de las Capuchinas se compara con el de las Carmelitas Descalzas, otro convento que terminó siendo vendido y reconstruido para operaciones inmobiliarias. Se subraya que cada año que pasa sin un proyecto definido es un año perdido para las personas mayores que necesitan estos recursos, convirtiendo la decisión en una cuestión profundamente social y humana.




