Esta vigilancia constante es la única misión de estos operarios, como el que se encuentra apostado a la salida de un túnel en Arenys de Mar, observando el talud adyacente. Estos equipos forman parte del contingente de trabajadores desplazados desde distintos puntos de España y de empresas subcontratadas para garantizar la seguridad de la infraestructura.
La combinación de la vigilancia permanente y las limitaciones temporales de velocidad son cruciales para evitar el corte total de la circulación en puntos de riesgo. En la línea del Maresme, por ejemplo, entre Arenys y Canet de Mar, los trenes deben reducir la velocidad de 70 km/h a solo 30 km/h en cinco tramos. La restricción es aún más severa entre los túneles de Sant Pol y Calella, donde se circula a “marcha a la vista” (10-20 km/h) por posibles deformaciones de la vía.
La situación se reproduce por toda la red abierta a la circulación ferroviaria, con limitaciones por todas partes que son responsables de los retrasos generalizados.
Paralelamente a la crisis, el Gobierno y el Ministerio de Transportes acordaron la creación de un grupo de trabajo semanal para hacer seguimiento de las inspecciones y las obras en marcha. Este grupo busca reforzar la coordinación y la transparencia, y participan figuras clave como la consellera de Territori, Sílvia Paneque, el secretario de Estado de Infraestructuras, José Antonio Santano, y los presidentes de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, y de Adif, Luis Marco de la Peña.
El objetivo de Adif es resolver algunos de los 30 puntos críticos identificados durante el fin de semana para poder recuperar la circulación con pasajeros en alguno de los diez tramos cortados a partir del próximo lunes. Mientras tanto, los viajeros del AVE y el tráfico de mercancías continúan sufriendo graves afectaciones debido a los cortes en Rubí y Gelida.




