La realidad del sector porcino catalán ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Actualmente, el censo alcanza los 7,9 millones de cabezas de ganado, casi el doble que hace 30 años. Este crecimiento se ha producido paralelamente a una reducción del número de explotaciones, que ahora albergan muchos más animales. Según datos analizados por la ACN, entre 1993 y 2023, la ratio de cerdos por granja se multiplicó por cinco, pasando de 374 a un promedio de 1.901 animales por explotación.
Esta concentración empresarial es evidente: solo ocho firmas gestionan el 30% de las más de 5.000 explotaciones del país. El modelo dominante es el de “integración”, que según datos del Idra, concentra alrededor del 80% de los ganaderos en solo cinco grandes compañías, un modelo que el investigador Mauro Castro califica de “frágil”.
“"Ha tenido lugar una especie de proceso de uberización, por el cual, al igual que ha ocurrido con los taxistas, los ganaderos ya no son propietarios de sus cerdos, sino que se convierten en asalariados de estas grandes empresas."
Desde el Grup Sanejament Porcí, que agrupa a ganaderos, defienden que la concentración es inevitable para la supervivencia del sector y no compromete la bioseguridad. El coordinador en Lleida, Vicens Enrique-Tarancón, explicó que el porcino ha pasado de ser un complemento a la renta del agricultor a una renta fija que ayuda a mantener la actividad en el campo.
La rentabilidad y las economías de escala son los motores de este crecimiento, según el profesor de Economía de la UB, Pere Castell. Esta expansión, que ha permitido abaratar costes y aumentar la competitividad exportadora, tiene su punto débil en los costes medioambientales y en el temor generado por la Peste Porcina Africana (PPA), especialmente en zonas clave como Osona, el Segrià y la Noguera, que concentran más del 38% de las explotaciones.




