La decisión de detener las capturas se tomó después de que las advertencias de la semana anterior sobre la complejidad del DEA fueran ignoradas. Esta herramienta administrativa, obligatoria para los pescadores, ha sido criticada por complicar significativamente la gestión diaria a bordo de las embarcaciones.
Esto no se trata de rechazar el control ni la tecnología. Se trata de sentido común. Se trata de entender que el mar no es una oficina.
El malestar del sector primario, que se equipara al de los agricultores, se debe a la acumulación de normativas que no tienen en cuenta la realidad del trabajo en el mar y que hacen que las jornadas ya no sean rentables.
Los profesionales de la pesca advierten que, si no se escuchan sus demandas, el actual silencio en los puertos podría convertirse en una situación permanente, afectando la cadena de suministro de alimentos y la salud del sector en la comarca del Alt Empordà.




