La tormenta, que alcanzó su punto álgido el 20 de enero de 2026, dejó imágenes de destrucción en varios puntos clave del litoral de Girona. Las localidades de Begur y Tamariu, en el Baix Empordà, fueron de las más afectadas por el embate de las olas, que se tragaron tramos de playa y dañaron infraestructuras.
Los efectos de la borrasca también se notaron con fuerza en el Alt Empordà, especialmente en Llançà y Roses, donde el agua llegó a invadir zonas urbanas cercanas al mar. Estas poblaciones costeras tuvieron que activar protocolos de emergencia para gestionar los daños materiales causados por la combinación de viento, lluvia y fuerte oleaje.
El episodio de lluvias y viento afectó de manera generalizada toda la fachada marítima de la provincia de Girona, desde el Alt Empordà hasta el Baix Empordà.
Más al sur, la situación se replicó en otros municipios del Baix Empordà, como Sant Antoni de Calonge y Platja d'Aro, donde los vídeos mostraban los paseos marítimos completamente inundados. En el interior, la borrasca provocó un aumento considerable del caudal del río Onyar a su paso por Girona, sin que se reportaran desbordamientos graves inmediatos.




