Las 12 prioridades culturales que deben marcar la agenda del Alt Empordà en 2026

Expertos señalan que la cultura debe ser considerada una "infraestructura cívica imprescindible" y no una actividad complementaria para el desarrollo territorial.

Il·lustració abstracta que representa la interconnexió de diferents elements culturals i socials en un territori.

Il·lustració abstracta que representa la interconnexió de diferents elements culturals i socials en un territori.

Un balance del año 2025 en el Alt Empordà establece doce reflexiones clave que orientarán la agenda cultural de 2026, enfatizando la cultura como derecho irrenunciable y sistema esencial para la cohesión territorial.

La reflexión de cierre del año 2025 sobre la política cultural en el Alt Empordà concluye que la cultura debe ser vista como un sistema esencial para comprender, cohesionar y proyectar el territorio, superando la visión de actividad complementaria. Estas doce líneas maestras buscan traducir el discurso de los derechos culturales en acciones concretas y políticas públicas.

Sin cultura, la democracia se empequeñece. La cultura ha sido un espacio para el pensamiento crítico, para la duda creativa y para la escucha profunda en un año lleno de tensiones globales.

Entre los puntos destacados, se señala que la cultura es un derecho irrenunciable que exige políticas valientes, financiación adecuada y corresponsabilidad real entre administraciones y comunidad. También se enfatiza la necesidad de que los equipamientos culturales funcionen como ágoras que inviten a cocrear y participar, y no como "islas" aisladas.
La agenda de 2026 también debe abordar la conciliación entre tradición e innovación, utilizando la memoria como motor de creatividad. Además, se considera crucial la alianza entre educación y cultura, promoviendo la colaboración entre centros educativos, museos, bibliotecas y artistas como una apuesta de país para reforzar el currículo por situaciones de aprendizaje.
Finalmente, se destaca la importancia de la mirada de periferia, asegurando que los pueblos pequeños y los barrios invisibilizados no queden fuera de las políticas. El futuro cultural, según los expertos, exige sistemas estables y no proyectos puntuales, ya que solo tiene sentido cuando genera un impacto social real, mejorando el bienestar y la convivencia colectiva.
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