Si se busca la nevada más impactante en el interior de Cataluña de las últimas décadas, todas las miradas se dirigen al temporal del 30 de enero de 1986. Esta tormenta trastornó la vida en la mayoría de las comarcas, dejando sin luz a numerosos municipios de Anoia, Bages, Berguedà y Solsonès, con graves problemas para industrias, comercios y granjas.
La principal consecuencia fue la grave afectación del suministro eléctrico. Las averías en las líneas de alta, media y baja tensión, provocadas por la caída de árboles y torres, dejaron sin luz gran parte de la Catalunya Central. Las empresas eléctricas advirtieron que la normalización completa del servicio se prolongaría hasta tres días en algunos núcleos. Además, se registraron problemas en el suministro de agua potable debido a la imposibilidad de operar los sistemas de bombeo, y el servicio telefónico quedó interrumpido en algunas poblaciones.
El transporte público también se vio gravemente afectado. Un tren de Renfe descarriló cerca de Calaf sin causar heridos, pero el incidente, sumado a la caída de árboles sobre la catenaria, obligó a suspender la circulación ferroviaria durante horas. En Manresa y en la mayoría de los núcleos urbanos del Bages, la combinación de nieve, aguanieve y lluvia limitó los espesores, permitiendo mantener la circulación abierta, aunque con dificultades.
Meteorológicamente, la responsable fue una gran depresión atlántica situada en Islandia el 29 de enero de 1986, que impulsó una masa de aire húmeda del Mediterráneo mezclada con aire muy frío continental. Esta combinación generó precipitaciones que rozaban los 100 mm y vientos del noreste superiores a los 100 km/h. Se registraron espesores de 60 centímetros en Moià, 20 en Solsona, 14 en Igualada y 7 en Manresa, según datos del Servei Meteorològic de Catalunya. La nevada de 1986 forma parte de las históricas, junto con las de 1962 y 2010.




