El proyecto recibió el apoyo del gobierno de Jaume Collboni, Junts per Barcelona, el PP y Vox, mientras que Barcelona en Comú y ERC votaron en contra, evidenciando la división política sobre el modelo comercial de la ciudad. El establecimiento se ubica en la antigua sede central del BBVA en Barcelona.
Con esta luz verde, la superficie destinada al comercio pasará de los 2.324 m² actuales a 3.779,83 m², un incremento de 1.455 m². Este aumento, que supera los 2.500 m² de venta, hizo obligatorio el trámite del Plan especial urbanístico, aunque la cifra final es inferior a la prevista inicialmente.
Operaciones como esta no son neutras para el modelo comercial de la ciudad, ya que van en contra de la preservación del comercio de proximidad.
Los grupos de la oposición, especialmente Barcelona en Comú, criticaron el impacto logístico, señalando que la ampliación podría generar 1.800 personas más al día y un aumento en los usos de carga y descarga. La concejala Lucía Martín sugirió que el gobierno debería exigir “compensaciones” por las externalidades generadas.
La ampliación supone que el establecimiento, abierto a finales de 2016 y considerado una de las tiendas Zara más grandes del mundo, ocupará la tercera planta del edificio, sumando un total de cinco plantas comerciales. El edificio fue adquirido por Amancio Ortega en 2013.




