El documento, que analiza más de seis mil kilómetros de carreteras interurbanas, subraya la desproporción crítica de la siniestralidad de motocicletas y ciclomotores. A pesar de representar solo el 3,2% de la movilidad total, estos vehículos están involucrados en la mitad de todos los accidentes y en ocho de cada diez siniestros con fallecidos o heridos graves.
En cuanto a las cifras globales, durante el 2024 se registraron 2.016 accidentes de moto y ciclomotor. Según el RACC, a pesar de una ligera reducción respecto al año anterior, la tendencia general de accidentalidad es ascendente, aunque todavía se mantiene por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia.
La mitad de los accidentes graves y mortales se concentran en solo el 13% de la red analizada (826 km). Ocho de los diez tramos con mayor siniestralidad se encuentran en la Región Metropolitana de Barcelona. El tramo más peligroso es la C-31 entre El Prat y L'Hospitalet, seguido por la A-2 (entre las rondas y la AP-2), la C-32 (entre Esplugues y Sitges), la C-58 (entre Barcelona y Cerdanyola), la Ronda Litoral y la B-30.
El estudio, que utiliza la metodología de la organización International Road Assessment Programme (iRAP), también indica un ligero incremento del 5% en el índice de riesgo general en las carreteras catalanas en el trienio 2022-2024, en línea con el aumento global de la movilidad. El informe se realiza con la colaboración del Servei Català de Trànsit, el Departament de Territori y la Diputació de Barcelona.




