El periodista señala la paradoja actual: a pesar de la gran cantidad de canales disponibles desde 2008, la saturación informativa, especialmente visible durante la pandemia, provoca que la gente necesite desconectar y busque el entretenimiento. Esta dinámica obliga a los medios a encontrar un nuevo equilibrio.
En cuanto a la audiencia joven, Morros matiza que informarse solo a través de las redes sociales debe ponerse «en cuarentena». Reconoce que los medios deben adaptar el lenguaje a plataformas como Instagram para captarlos, pero sin renunciar al rigor. Añade que la clave para el éxito de RAC1, que ha alcanzado el récord de un millón sesenta y cuatro mil oyentes, radica en el lenguaje directo y cercano, que habla a la gente «tal como hablan entre ellos».
“"La gente debe saber diferenciar qué es información de lo que no lo es. Esto es educación mediática."
El decano defiende que la lucha contra las noticias falsas pasa por la educación mediática, una labor que el Col·legi de Periodistes promueve desde hace quince años en centros de secundaria y que pide que sea curricular. Esta formación es crucial, ya que los difusores de fake news «lo hacen muy bien hecho» y dan un entorno que parece verdad.
Respecto a la tecnología, Morros ve la Inteligencia Artificial como una herramienta positiva que agiliza procesos mecánicos, como la transcripción de entrevistas o la búsqueda de datos estadísticos. Sin embargo, insiste en que «siempre debe haber un periodista detrás» para revisar, editar y discriminar la información. También subraya que el rigor debe prevalecer sobre la inmediatez: «Si hay cualquier riesgo de que esa información que estoy dando no pase por todos los pasos previos, prefiero ser el segundo, pero habiendo hecho el trabajo bien hecho».
Finalmente, Morros destaca la importancia del periodismo local, que es «básico para poder hacer comunidad» y que mantiene una credibilidad alta porque explica lo que sucede en el entorno más inmediato. Recuerda sus inicios en Anoia Ràdio en Igualada. También lamenta la precariedad histórica del sector y la necesidad de que la sociedad asuma que la información de calidad, que requiere inversión y redacciones, «tiene un precio».




