Aunque la creencia popular y las recomendaciones habituales han señalado tradicionalmente que ocho horas de sueño proporcionan el descanso óptimo, la ciencia ha comenzado a cuestionar esta norma. La investigación moderna subraya que la calidad y la duración del sueño son factores críticos para la salud general, y que el equilibrio es la clave.
La ciencia advierte que tanto la falta de sueño (insomnio) como el exceso (hipersomnia) tienen efectos perjudiciales. La privación de sueño se ha relacionado con trastornos psiquiátricos y un deterioro cognitivo significativo. Además, la interrupción de las ondas lentas del sueño profundo puede afectar la memoria y elevar los niveles de la proteína beta-amiloide, estrechamente vinculada a la enfermedad del Alzheimer.
Mantener un equilibrio alrededor de siete horas de sueño de calidad es fundamental para preservar la función cognitiva y la salud mental y física en general.
Un estudio clave publicado en la revista Nature Aging, que analizó los hábitos de sueño de casi 500.000 adultos, fue concluyente. Contrariamente a la creencia establecida, el estudio reveló que la cantidad óptima de sueño para mantener el cerebro en su mejor estado es de siete horas. El sueño de calidad es crucial para prevenir problemas como la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, ya que la falta de descanso compromete la función cardiovascular y altera el metabolismo de la glucosa.




