Desde su lanzamiento en 2016, la serie Stranger Things de los hermanos Duffer ha cautivado a varias generaciones con las aventuras de un grupo de amigos en el pueblo ficticio de Hawkins, Indiana. El éxito reside en su capacidad para transportar a los espectadores a la década de los ochenta, utilizando una premisa similar a la de la novela IT de Stephen King.
En Terrassa, los ochenta también fueron años de cambio e identidad. Lugares como el centro comercial Pryca de Can Parellada, la Orxateria Ribera de la calle Galileu o las desaparecidas Piscinas de Castellnou fueron puntos de encuentro. Si en Hawkins el sheriff Jim Hopper era la figura de autoridad, en Terrassa ese papel lo encarnaba el alcalde socialista Manuel Royes, quien gobernó la ciudad desde 1979 hasta 2002.
El misterio de Hawkins se reflejaba en Terrassa a través del antiguo Hospital del Tórax. Este edificio, rodeado de rumores e historias oscuras debido a los protocolos médicos confidenciales, generó un aura de intriga similar a la del Laboratorio Nacional de la serie. Su pasado enigmático lo convirtió posteriormente en un gran plató de cine de género.
De alguna manera, todos hemos pasado nuestra infancia o adolescencia en Hawkins, ya que cada uno ha tenido que luchar contra sus monstruos particulares.
La cultura adolescente de la época se definía por la moda y la música. Los jóvenes de Terrassa vestían con jerséis Privata, vaqueros Levi’s y zapatillas Adidas o John Smith. Musicalmente, predominaba el rock anglosajón (The Cure, Queen, U2) y artistas españoles como Mecano u Hombres G. Los salones recreativos, como El Casinet en la calle de Sant Pere, eran el punto de encuentro para jugar a máquinas como el Pac-Man.




