Barcelona. Cada vez más personas expresan una necesidad clara de cercanía, pero al mismo tiempo experimentan incomodidad ante el contacto físico. En consultas, espacios terapéuticos y entornos de bienestar, se repite una misma escena: el cuerpo desea relajarse, pero no siempre sabe cómo recibir el tacto.
Este fenómeno no es únicamente psicológico. Tiene una base neurofisiológica. El sistema nervioso humano no responde al contacto en sí, sino a cómo lo percibe. Y en una sociedad marcada por el estrés, la rapidez y la desconexión corporal, esa percepción de seguridad no siempre está disponible.
Este fenómeno no es únicamente psicológico. Tiene una base neurofisiológica. El sistema nervioso humano no responde al contacto en sí, sino a cómo lo percibe. Y en una sociedad marcada por el estrés, la rapidez y la desconexión corporal, esa percepción de seguridad no siempre está disponible.
Un cuerpo en alerta, incluso en reposo
El estrés se ha normalizado hasta convertirse en un estado de fondo. Aunque no haya una amenaza concreta, el organismo puede permanecer activado durante horas o incluso días. La neurofisiología explica que el cuerpo no se regula por voluntad, sino por señales.
Cuando el sistema nervioso no detecta seguridad, activa respuestas automáticas de defensa —lucha, huida o bloqueo— que afectan a la respiración, al tono muscular y a la capacidad de descanso. Por eso, muchas personas no logran relajarse ni siquiera en momentos de pausa.
“El cuerpo no se relaja por voluntad, se relaja cuando percibe seguridad.”
El estrés se ha normalizado hasta convertirse en un estado de fondo. Aunque no haya una amenaza concreta, el organismo puede permanecer activado durante horas o incluso días. La neurofisiología explica que el cuerpo no se regula por voluntad, sino por señales.
Cuando el sistema nervioso no detecta seguridad, activa respuestas automáticas de defensa —lucha, huida o bloqueo— que afectan a la respiración, al tono muscular y a la capacidad de descanso. Por eso, muchas personas no logran relajarse ni siquiera en momentos de pausa.
“El cuerpo no se relaja por voluntad, se relaja cuando percibe seguridad.”
Cuando el contacto no se siente seguro
En este contexto, el contacto físico se vuelve ambiguo. Existe una necesidad real de cercanía, pero también una dificultad creciente para sostenerla.
El sistema nervioso no interpreta cualquier contacto como regulador. Cuando el tacto es brusco, rápido o desconectado, puede generar más tensión en lugar de aliviarla. No responde a la intención, sino a la experiencia.
Esto explica por qué algunas personas, al recibir un masaje o un gesto físico, no se relajan, sino que se mantienen en alerta.
“El sistema nervioso no responde a la intención, responde a la experiencia.”
En este contexto, el contacto físico se vuelve ambiguo. Existe una necesidad real de cercanía, pero también una dificultad creciente para sostenerla.
El sistema nervioso no interpreta cualquier contacto como regulador. Cuando el tacto es brusco, rápido o desconectado, puede generar más tensión en lugar de aliviarla. No responde a la intención, sino a la experiencia.
Esto explica por qué algunas personas, al recibir un masaje o un gesto físico, no se relajan, sino que se mantienen en alerta.
“El sistema nervioso no responde a la intención, responde a la experiencia.”
El tacto como lenguaje del sistema nervioso
La piel actúa como una interfaz directa con el sistema nervioso. A través de receptores especializados, como las fibras C-táctiles, el organismo evalúa la calidad del contacto.
Cuando el tacto es lento, continuo y respetuoso, estos receptores envían señales que favorecen estados de calma y conexión. Este tipo de estimulación está vinculado a la activación del sistema parasimpático, responsable de la regulación, y a la liberación de oxitocina.
Sin estas experiencias de contacto seguro, el sistema nervioso pierde una de sus principales vías de regulación.
“La piel es la puerta de entrada más directa al sistema nervioso.”
La piel actúa como una interfaz directa con el sistema nervioso. A través de receptores especializados, como las fibras C-táctiles, el organismo evalúa la calidad del contacto.
Cuando el tacto es lento, continuo y respetuoso, estos receptores envían señales que favorecen estados de calma y conexión. Este tipo de estimulación está vinculado a la activación del sistema parasimpático, responsable de la regulación, y a la liberación de oxitocina.
Sin estas experiencias de contacto seguro, el sistema nervioso pierde una de sus principales vías de regulación.
“La piel es la puerta de entrada más directa al sistema nervioso.”
Cataluña, origen de un enfoque basado en el contacto consciente
En Cataluña, este enfoque comenzó a desarrollarse en 2006 con la introducción del masaje californiano por parte de Sujati, cuya trayectoria ha estado vinculada a la integración del contacto con la comprensión del sistema nervioso.
Formada en masaje californiano, Esalen® y con base en la teoría polivagal, ha trabajado en la formación de terapeutas desde una mirada que prioriza la calidad del contacto y la seguridad fisiológica.
Parte de los profesionales y proyectos que hoy desarrollan este tipo de trabajo corporal han surgido en torno a este recorrido formativo, contribuyendo a la expansión de este enfoque en España.
En Cataluña, este enfoque comenzó a desarrollarse en 2006 con la introducción del masaje californiano por parte de Sujati, cuya trayectoria ha estado vinculada a la integración del contacto con la comprensión del sistema nervioso.
Formada en masaje californiano, Esalen® y con base en la teoría polivagal, ha trabajado en la formación de terapeutas desde una mirada que prioriza la calidad del contacto y la seguridad fisiológica.
Parte de los profesionales y proyectos que hoy desarrollan este tipo de trabajo corporal han surgido en torno a este recorrido formativo, contribuyendo a la expansión de este enfoque en España.
Co-regulación: el sistema nervioso necesita al otro
Uno de los conceptos clave en este ámbito es la co-regulación. El sistema nervioso humano no se regula de forma aislada, sino en interacción con otros.
Cuando una persona entra en contacto con alguien presente y regulado, su propio sistema nervioso puede empezar a disminuir el estado de alerta. Este proceso no es inmediato ni voluntario, pero resulta fundamental para recuperar el equilibrio.
“El sistema nervioso humano es relacional: se regula en presencia de otro".
Uno de los conceptos clave en este ámbito es la co-regulación. El sistema nervioso humano no se regula de forma aislada, sino en interacción con otros.
Cuando una persona entra en contacto con alguien presente y regulado, su propio sistema nervioso puede empezar a disminuir el estado de alerta. Este proceso no es inmediato ni voluntario, pero resulta fundamental para recuperar el equilibrio.
“El sistema nervioso humano es relacional: se regula en presencia de otro".
Más allá del masaje
Este enfoque se diferencia de otros tipos de masaje centrados en la manipulación muscular o en la aplicación de técnicas específicas. Aquí, la prioridad no es intervenir sobre el cuerpo, sino crear condiciones para que el organismo pueda autorregularse.
Los movimientos son continuos, amplios y adaptados al ritmo de la persona. La técnica está presente, pero no es el centro. Lo esencial es la calidad del contacto.
Este enfoque se diferencia de otros tipos de masaje centrados en la manipulación muscular o en la aplicación de técnicas específicas. Aquí, la prioridad no es intervenir sobre el cuerpo, sino crear condiciones para que el organismo pueda autorregularse.
Los movimientos son continuos, amplios y adaptados al ritmo de la persona. La técnica está presente, pero no es el centro. Lo esencial es la calidad del contacto.
Una necesidad fisiológica olvidada
En una sociedad donde el contacto físico se ha reducido, el sistema nervioso pierde una vía fundamental de regulación.
La falta de experiencias de seguridad compartida puede contribuir a estados de estrés sostenido. Por eso, recuperar el valor del tacto consciente no es solo una cuestión de bienestar, sino de salud.
Porque el cuerpo no necesita más estímulos.
Necesita seguridad.
Y, en muchos casos, esa seguridad comienza con algo tan simple —y tan olvidado— como el contacto humano.
En una sociedad donde el contacto físico se ha reducido, el sistema nervioso pierde una vía fundamental de regulación.
La falta de experiencias de seguridad compartida puede contribuir a estados de estrés sostenido. Por eso, recuperar el valor del tacto consciente no es solo una cuestión de bienestar, sino de salud.
Porque el cuerpo no necesita más estímulos.
Necesita seguridad.
Y, en muchos casos, esa seguridad comienza con algo tan simple —y tan olvidado— como el contacto humano.




